Vaya un «hasta luego»
Eso, vaya un «hasta luego», vivimos ayer en la eucaristía por el alma de María de la Luz, misionera Comboniana, en su pueblo natal, Conil, con la Parroquia de Santa Catalina de Alejandría llena hasta la bandera
Ella tenía allí parte de su corazón. Estuviese donde estuviese, siempre tenía un hueco para recordar a su pueblo natal, y a su familia biológica. Su unión con ellos y su pueblo, era una constante en su vida misionera.
Cada uno de los intervinientes, para despedirla, tuvo necesariamente que hacer referencia a ello. Desde el párroco, presbítero Yelman, a sus sobrinas y amiga. Y su hermana le dedicó una canción que nos desbordó en el alma.

El párroco, Yelman, inició su homilía transmitiendo a la familia las palabras de consuelo, cercanía y apoyo de D. Ramón, administrador apostólico de la diócesis, que el director de misiones que estaba presente en la misa, Pepe, les llevaba en su nombre.
Destacó de la Hna. Mari Luz, que siempre tuvo encendida su lámpara con el Amor a Dios, y la tenía llena del aceite de Dios. Se sentía y se sostuvo de su Palabra, de su Cuerpo y Sangre. Y su entrega misionera fue recíproca, aunque recibió de ella mucho mas de lo que nunca hubiese podido soñar. Entregó muchos años de vu vida a los mas empobrecidos, llevándoles con su vida la de Cristo, y con su forma de ser, con su testimonio de Amor. Y cuando le consideró necesario, también con las palabras, como dijo san Francisco de Asís. También mencionó los diferentes cargos que tuvo en la Congregación de las Misioneras Combonianas, destancando su misión en el tema de las vocaciones. Muchos africanos, al igual que su familia de Congregación, la biológica y nosotros, estarán rezando por ella a Dios. Ella sentó en su mesa a aquellos que no podían pagarle, y ahora está sentada en la mesa del Señor, invitada al banquete de Su Gloria.
Os trasladamos, a continuación, las palabras que ofrecieron la familia, una hermana misionera y una amiga, al tenerlas, respectivamente, escritas:
Mensaje de Esperanza Molina Misionera Comboniana en Italia:
Querida familia de Mary Luz, «Tía Mary» como la llamabais familiarmente. He tenido una inspiración del Espíritu Santo y he decidido estar hoy presente en esta Santa Eucaristía con todos vosotros a través de este escrito.
Hace una semana que a Mary Luz la llamo, el Señor, se fue con el Amado Jesús en el que creyó y vivió siempre.
He estado pensando desde ayer lo que quería escribiros. Me he hecho preguntas: ¿Quién era Mary Luz? Por la familia era muy amada, ella tambien amaba y quería mucho a su familia: Padres, hermanos y sobrinos. Estabais siempre en su vida, y lo trasmitía a quien estábamos a su lado.
Mary Luz, de la familia lo recibió todo: la vida, la fe, el amor que es caridad hacia los demás, cercanos y (más tarde), lejanos y, todo esto lo vivió con mucha generosidad.
Para los paisanos que la habéis conocido, que cada uno se pregunte ¿Quién era Mary Luz?
Ahora me lo pregunto yo como Comboniana: ¿Quién era Mary Luz para mí? Nos conocimos en nuestra casa de Madrid en enero del 1970, ella era Postulante. Hacía ocho meses que había ingresado en las Misioneras Combonianas. Yo llevaba ya casi tres años, y estaba en Italia, después de cuatro años era la primera vez que volvía a España como Religiosa para visitar a mi familia.
La madre general me encargó que volviendo a Verona acompañara a las cuatro Postulantes, una de ellas era Mary Luz. Con el paso de los años nos vimos algunas veces. Nos fuimos conociendo más.
En el 86 cuando me destinaron a Murcia, después de estar unos años en Brasil. Mary Luz también había vuelto de misiones del Congo (entonces se llamaba Zaire). Junto con otra hermana teníamos la tarea de la animación misionera y acompañar a las jóvenes con vocación que deseaban ser Combonianas. Mary Luz estaba entonces en Barcelona.

Era una tarea importante, no fácil, de mucha responsabilidad. Nos ayudamos con la oración y la confianza mutua, (Algunas de las chicas que ayudamos son hoy misioneras Combonianas).
Mary Luz era inteligente bien preparada, coherente consigo misma y con una vocación misionera muy Comboniana. Amaba la familia religiosa a la que pertenecía, era firme y con mucha decisión y confianza en el Señor.
Era una Consagrada para la misión y se sentía feliz en la entrega total. Su oración era profunda y constante. Juntas compartimos mucho en la vida como Combonianas, las tareas, las penas, alegrías, preocupaciones y, deseos de ser cada vez mejores; todo esto lo compartíamos en la dimensión con una vivencia muy fuerte y de una espiritualidad de amistad.
Era el Señor Jesús en el centro de nuestras vidas que nos invitaba a hacerlo, y lo vivíamos profundamente con generosidad.
Todos sabéis: familiares, amigos y conocidos de su carisma, su don de alegría, su gracia y optimismo, (como buena Andaluza, estaba orgullosa de serlo) sus chistes, siempre daban la nota alegre en las recreaciones, sea en la comunidad religiosa como en los encuentros con jóvenes y misioneros.
Por todo doy gracias a Dios por lo que vivimos en nuestras vidas como Misioneras.
Os doy las gracias a toda la familia de Mary Luz por la acogida cariñosa que recibimos en los diez días que pasamos con vuestros Padres, en el año 86.
Nos encantó Conil. Yo en años sucesivos volví a visitar a la Señora Carmen y demás familiares. Siempre fuisteis cariñosos y acogedores.
Mary Luz fue todo esto y mucho más como todos conocéis, lo sabemos las Combonianas que vivieron con ella en misiones y otros lugares.
Aquí en Italia conozco muchas hermanas que la conocieron. y dicen lo mismo y os mandan juntas el pésame, un gracias por quien era vuestra hermana Mary Luz.
La última pregunta: ¿quién era Mary Luz? Dejemos a Dios, El lo
sabe, y su respuesta es única y verdadera Amen.
Saludos de la Hermana Esperanza
Vaya un «hasta luego» de su familia a María de la Luz.
«El mar te hace soñar en tierras lejanas, piensas en la otra orilla que desconoces pero que sabes que está más allá del horizonte, y que en esa costa que el mar baña, con sus olas hay otro mundo, un mundo desconocido donde los seres humanos viven, luchan, trabajan y mueren. En ese otro mundo se sueña cuando eres joven y deseas conocer y explorar.»
Así soñaba Mari luz desde adolescente con África, soñaba con cruzar ese mar…
Tan sólo le separaban 14 kilómetros del continente africano. Y su deseo evolucionó…tanto, hasta que un día llegó a sus manos en la parroquia de Conil, su pueblo, un ejemplar de la revista “Mundo Negro”… y leyó un artículo decisivo para que en julio de 1969 iniciara su viaje para convertirse en misionera Comboniana.

Su familia siempre la apoyó… y le ayudó a perseguir sus sueños.
Así fue como un día de junio de 1976 comenzó su aventura en su amado y querido Congo… antiguo Zaire…
Mari Luz siempre diste pasos firmes, decisivos, con firmeza y ante todo una vocación que siempre te empujó a realizar tu sueño de ser misionera.
Algo que tu familia ha sabido admirar, a pesar de la lejanía, y los peligros que entrañaban las misiones a las que estuviste destinada. Pasaste vicisitudes, sorteaste guerras y conflictos, y siempre pudiste seguir con tus tareas en la misión.
Tus vivencias y tu pasión han sido claves para hacernos entender, conocer, un mundo, un continente tan apasionante como África y, por supuesto, el amor a la misión.
El último periodo de su vida desarrolló sus trabajos en las comunidades de Almería, Zaragoza y Madrid.
Siendo ésta tu última parada más estable por problemas de salud… Pero su espíritu misionero no se debilitó nunca, apoyando iniciativas de animación misionera… hasta el último día de su partida, el pasado 4 de febrero.
Hoy desde Conil, tu pueblo, te despedimos con calma y gratitud, sabiendo que tu amor sigue acompañándonos.
Tus hermanas, tus hermanos, tu madre, sobrinas y sobrinos, primos y amigos, y tu familia y Comboniana. Todas y cada una de las personas que han llegado a ti…laicos y seglares…te guardamos en nuestro corazón.
Gracias por todo lo que dejaste en nosotras. Tu luz seguirá presente en cada recuerdo.
Nunca te olvidaremos tía Mari Luz.
Vaya un «hasta luego» de una gran amiga de Mari Luz Sánchez
Querida amiga Mari Luz: Ya estás en la Pasa del Padre, gozando de su presencia. Padre, a quien entregaste tu vida entera, desde joven poniéndola en sus manos y dedicándola al servicio de nuestros hermanos de África y posteriormente de España.
Te conocí hace cincuenta y ocho años, cuando llegué a Conil, en aquellos grupos de jóvenes que organizaba el padre Aquiles.
Éramos jóvenes, ambas teníamos veintiún años y a mí me llamaba mucho la atención que siendo tan joven quisieras ser misionera. No lo comprendia muy bien.
Te marchaste pocos meses después y luego nos veíamos esporádicamente, cuando venías a Conil a visitar a tu familia o a reponerte de alguna dolencia adquirida en África.
Pero, verdaderamente, cuando intimamos fueron los cuatro años que llegaste a Conil para cuidar de tu madre anciana
Vivíamos enfrente una de otra. Tú empezaste a colaborar en la parroquia, dando catequesis e impartiendo un curso Bíblico, muy bonito, para adultos.
En las conversaciones, que teníamos, comprendí el gran regalo que Dios te había hecho llamándote a la Misión en África y, la respuesta tuya, llena de confianza en él, y diciendo: «Aquí estoy para hacer tu voluntad». Él te protegió toda tu vida en la Misión, librándote de bombardeos, guerras, matanzas y cuantos peligros te acechaban. Sufriste mucho, viendo sufrir a los hermanos africano, pero nunca huíste a pesar del peligro, permaneciste junto a la Cruz como María, dando confianza y esperanza a los hermanos que sufrían.
Eres una mujer fuerte, valiente, inteligente, entregada a los demas y de una fe inquebrantable. Te admiro hermana y amiga y, ahora te comprendo. Comprendo tu entrega total a Dios, tu vida dedicada a los más pobres y desfavorecidos del mundo, con ellos fuiste desgastándote poco a poco, hasta que ya no pudiste continuar en África a causa de tu salud y volviste a España. Aquí seguiste tu misión colaborando siempre en las parroquias a las que correspondían las casas a las que eras destinada. Cuando poco a poco fuiste perdiendo fuerzas, te abrazaste a la Cruz y en ella permaneciste hasta el final de tus días en este mundo.
Tenías un deseo: ver a tu familia. Cuando hablábamos me lo decias, a ver si puedo ir a Conil este verano y veo a mis hermanos, estoy con ellos. Cuántos deseos tema de veros.
El Señor se lo concedió, el Señor al que tanto amó toda su vida. Vosotros fuísteis cuando os avisaron que llegaba el final, y Dios le dió la gracia de mejorar ese dia. Pudo hablar con vosotros, pudo despedirse, estaba feliz.
Ahora, amiga mía, el Padre te abraza y te envuelve en su Amor, te sienta a la mesa del banquete celestial y te corona con la corona que no se marchita. Eres plenamente feliz.
Mari Luz, tú que estás tan cerca de Dios y de la Santísima Virgen, intercede por el pueblo de Conil, por su juventud y pídele que suscite vocaciones, entre nuestros jóvenes y no tan jóvenes, a la vida consagrada y al sacerdocio, nos hacen falta testimonios de entrega total a Dios, como el tuyo.
Bienaventurada amiga, goza eternamente del Amor Divino y no dejes de interceder por tu pueblo.
Hasta pronto, hasta siempre.


