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Misionero, tras un mes del terremoto en Ecuador: «Contemplamos la misericordia de Dios en cada gesto de generosidad»

Espacio misionero diocesano de la Iglesia católica de Cádiz y Ceuta

Misionero, tras un mes del terremoto en Ecuador: «Contemplamos la misericordia de Dios en cada gesto de generosidad»

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Hoy cumplimos un mes del terremoto que ha devastado gran parte de nuestra provincia y de nuestra ciudad, pero no ha podido ni fisurar ni derrumbar la fe de nuestra gente, se movió el cielo y la tierra pero está claro que la fe de nuestra gente es anti-sísmica o sismo-resistente.

Un mes después ya somos capaces de ver la realidad que tenemos, la realidad y magnitud de lo que ha ocurrido y todo lo que nos queda hacer por delante, para terminar de levantar a nuestra gente.

Ha sido un mes intenso, lleno de retos y esfuerzos, cargado de cansancio y lágrimas, de dolor y sufrimiento, pero a la vez también rebosante de la bendición de Dios, rebosante de esperanza e ilusión, rebosante de fe y amor.

Es increíble poder contemplar la misericordia de Dios en cada gesto, en cada acontecimiento, en cada vida, en cada historia en cada rostro de los hermanos. Ha sido impresionante contemplar la grandeza de la providencia de Dios, en cada persona solidaria, en cada gesto de generosidad, en cada voluntario agotado de trabajar por los demás, en cada llamada hecha con cariño, en cada mensaje de ánimo y esperanza, en cada detalle por pequeño que sea, hemos podido contemplar el rostro amoroso de Dios.
Para nuestra gente, el camino recién empieza y probablemente dure años volver a la normalidad, pero no cabe duda de que esta tierra y esta gente, que está consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, tiene algo especial en sus ojos, en sus manos, en su rostro, en su sonrisa, en su corazón, en su alma, en ellos, que les hace brillar de un modo especial, debajo de las lágrimas se puede contemplar la mirada amorosa de Dios. La confianza en Dios, de nuestra gente, nos indica que nada está perdido, que al contrario hay mucho ganado y hemos recuperado la fe en los hermanos, la fe en que un mañana mejor es posible.
Tenemos a Dios de nuestro lado y por eso sabemos que lo que resulta imposible para el hombre, es posible para Dios y si Dios está con nosotros, quien contra nosotros.
Al cumplir el primer mes de haber vuelto a nacer como Ecuatorianos, Manabitas e Hijos de Dios, solo nos queda pediros a todos, que no nos olvidéis, tenednos presentes en vuestras oraciones para que pase lo que pase, no nos apartemos nunca de Dios y que aprendamos de María Santísima a estar siempre en las manos de Dios sobre todo en los momentos de adversidad, que en estos momentos, a los pies de la cruz repitamos con Ella: hágase tu voluntad.
Recibid un fortísimo abrazo y que Dios os bendiga por toda vuestra generosidad y afecto.
Pbo. Andrés Drouet Salcedo

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