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«Eglise libota ya Nzambe»: Hno. Rafael desde Kinshasa

Espacio misionero diocesano de la Iglesia católica de Cádiz y Ceuta

«Eglise libota ya Nzambe»: Hno. Rafael desde Kinshasa

Mis queridos amigos, hace una semana que he llegado a Kinshasa y me he dirigido este domingo a la misa dominical como un cristiano más para rezar y está en comunión con su Dios y la comunidad cristiana.  Como nos dice el lema de la diócesis la “Iglesia es familia de Dios”.
En la pared central de la capilla de la está escrito en varias lenguas, “Tata Nzambe leisa boyambi ya biso”, es decir, Dios mío aumenta nuestra fe.  El gran lema de la diócesis es que la iglesia es familia de Dios. 
Veo como papa Robert catequista de la capilla desde hace algunos años, casado con un hijo,  está en la entrada de la capilla acogiendo uno a uno a todos los que como yo vamos llegando para la misa dominical.  Una gran sonrisa en la boca, la mano tendida como signo de acogida y dando los buenos días a cada uno que se acerca a la capilla.  Como gota a gota de agua, la capilla se va llenando,  los niños que son los monaguillos van preparado su ceremonia, y las cosas para la oración, contento alegres jugando de vez en cuando entre ellos visto que la capilla está en una gran parcela al aire libre, no es una estructura de cemento ni de barro sino un recinto de cuatro muros donde se van preparando las sillas de plásticos todo en orden para poder acoger los cristianos que vendrán a la misa. 
El padre con el cual yo fue saludo a todos los que están ya en la capilla dio una vuelta por ella, se puso la túnica y se sentó a un lado del altar para acoger y esperar a aquellos que deseaban hacer el sacramento de la reconciliación.  Yo me senté hacia un lado atrás, observando lo que iba pasando y como uno a uno se iban acercando al padre para poder reconciliarse con Dios y con sus hermanos, visto que la Iglesia en familia de Dios y cuando pecamos rompemos este lían de familia.
Los jóvenes de la coral también van llegando poco à poco, algunos se paran unos instantes delante de una imagen de Cristo crucificado y después van delante del sacerdote para reconciliarse con Dios y su pueblo.  Algo maravillo ver como la cosa se hace con simplicidad, como armonía y dispuestos a alabar al Señor. 
Llega la hora y todo está preparado la celebración, el papa Robert se queda detrás de todo para continuar a acoger las gentes que aún siguen llegado a la capilla, el sacerdote está preparado y delante de él los monaguillos con el incienso que no podía faltar para hacer más solemne la celebración.  La coral comienza a cantar y todo el pueblo con ella, todos de pie y danzando como es normal, tocando las palmas y bailando al ritmo de la música que llena la capilla, es algo que pone la piel de gallina, todo invita a entrar en armonía con la oración, con la alabanza al Señor…  del fondo del corazón sala la oración simple “gracias Señor por lo que me has dado, por haberme traído hasta aquí…”
El padre al final de unos minutos de danzas y música llega hasta el altar, y ahí armoniza el evangelio con la frase que está escrita en la pared, ··”Señor enséñanos a orar…·” en la pared está escrito “leisa boyambi ya biso”  aumenta nuestra fe, una fe que se ve en la gentes que están en la capilla con los brazos abierto y llenos de entusiasmo.  Invitado por el sacerdote y con animación delos monaguillos somos invitado a dar gloria a Dios con el Gloria “Kembo” y llevado por la asamblea brazos en lo alto y bailando al ritmo de un tan tan, comenzamos el gloria.  Todos cantaban, bailaban y tocando palmadas dábamos gloria a Dios por todo cuanto había hecho por cada uno de los que estábamos allí, yo mismo daba gracias a Dios por aumentar mi fe a través de estos hermanos con los cuales rezaba hoy.  Verdaderamente el Señor hace cosa grande, es Él y no nosotros con nuestras debilidades y faltas que hace crecer la fe en su Iglesia, es Él el autor de todo por ello el Gloria sabia a Gloria… si Gloria a Dios en los cielos y en la tierra Paz Paz y Paz…
Una misa que ha durado dos horas pero que parecía que había durado 30 minutos, el tiempo ha pasado rápido, ya que después de la homilía, el animador de la capilla nos ha invitado a compartir lo poco podíamos,  lo nuestro personal, nuestros pecados y faltas con una simple ofrenda al Señor para ayudar la capilla, y ahí íbamos con el ritmo del tan tan danzando íbamos acercándonos delante de altar para ofrecer nuestras existencia junto con un poco de dinero para el bien de las necesidades de la capilla de los feligreses más necesitado de ella.  Verdaderamente el Señor hace cosa grande en nosotros y a través de nosotros, bendito sea por siempre Él.
Para acabar con todo esto, al final de la celebración porque la misa es toda una celebración, el animador ha dado algunos avisos, y después ha invitado a aquellos que eran nuevo, que era por la primera vez que venían a la capilla que se pusiera en pie para darnos la acogida con un fuerte abrazo y asegurarnos que la plaza que habíamos cogido era nuestra, que está reservada para nosotros, y nos daban la bienvenida a la comunidad cristiana…
Es verdad, es el Señor que hace cosas grades en nosotros y  a través de nosotros, nosotros somos siervos inútiles, es El que aumenta nuestra fe, que reanima nuestra fe con cosas pequeñas, ceremonias, encuentros que marcan y sin más, sin darnos cuenta nuestra fe es aumentada, “LEISA BOYAMBI YA BISO”
Hemos acabado y cada uno da una mano para poner orden en la capilla, y muchos se van acercándose a mí para saludarme y darme la bienvenida, simplemente sin ninguna complejidad ni temor, se acercan avanzando la manos para saludarte y desearte un buen domingo y bien venido entre nosotros.  Son cosas pequeñas de cada día que va aumentando nuestra fe, nuestro ser Iglesia, nuestro deseo de seguir a Cristo y de continuar dándose a El a través de nuestros hermanos.
Una última pregunta; ¿Qué puedo hacer yo, que me siento débil, frágil, pecador? Dios nos dice: no tengas miedo de la santidad, no tengas miedo de apuntar alto, déjate amar y purificar por Dios, no tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo.  Dejémonos tocar por la santidad de Dios.  Cada cristiano está llamado a la santidad, y la santidad no es principalmente hacer cosas extraordinarias, sino dejar que Dios obre en nosotros.  Es el encuentro de nuestra debilidad con la fuerza de su gracia, es tener confianza en su acción que nos permite vivir en la caridad, hacer todo con alegría y humildad, para la gloria de Dios y el servicio de los demás.

Saludos y unidos en la oración
FR Rafael

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